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Biodiversitat, Campanyes, Castellano, Defensa, Especulació, Infraestructures, Patrimoni

Mini golf sostenible en El Prat | Lamentable

Sergi Garcia
www.asgalanthus.org

Reincido en la lectura de El arco y la lira, conciso y penetrante ensayo de Octavio Paz y me detengo en esta reflexión: “cuando las palabras se corrompen y los significados se vuelven inciertos, el sentido de nuestros actos y de nuestras obras también es inseguro”. El rayo de luz con que las palabras iluminan los conceptos es utilizado a veces para deslumbrar. Por ejemplo, cuántas veces no habremos oído que se planea la construcción de un complejo urbanístico, enteramente sostenible y eficiente, con materiales reciclables, para tal o cual finalidad, con tal o cual objeto y al mismo tiempo se asegura que con ello se ganarán tantas hectáreas de espacio verde para disfrute de la ciudadanía. Es habitual que así se recoja en los medios de comunicación. Los promotores se lo creen, la administración se lo cree, en general nos damos por satisfechos, pero raramente nadie se pregunta, cómo es posible que se ganen espacios verdes al tiempo que se urbaniza, dónde estarán construyendo entonces ¿en el éter? ¿en la nada? disculpen la chanza, obviamente no, lo que ocurre por lo común es que la operación se verifica en espacios libres, verdes, naturales y en ocasiones con alto valor ecológico, pero que no gozan de protección; luego se entrega a la ciudadanía, en el mejor de los casos, una porción de ellos en forma de parque urbano, zona de recreo, merendero, con más o menos árboles, con más o menos parterres, caminos terrizos y bancos (de asiento); así es como se gana un nuevo espacio verde y así es como se procedió en su día con el delta del Llobregat, cercenado hasta el ahogo con las ampliaciones de puertos y aeropuertos, pero donde aumentó paradójicamente la superficie natural de uso público.

En 1940, un Messerchmit 109, de los que Hitler dejó a Franco para aplastar a la República, pilotado en un vuelo de exhibición por el teniente Eduardo Laucirica, se estrelló en las marismas del Prat de Llobregat, próximas a la finca de la Ricarda, después de una tremenda acrobacia. Los restos de avión y piloto fueron engullidos por el tremedal y no fueron hallados hasta que las excavadoras arrasaron todo aquello para construir la 3ª pista del aeropuerto y la nueva terminal, 62 años después. Actualmente, difícilmente un avión de aeromodelismo se perdería. De unos extensos humedales, laberinto de cañaverales, lagunas, dunas y prados, donde llegó a criar el avetoro y nadaron las nutrias, han quedado unos ciertamente excelentes espacios verdes periurbanos, parques de proximidad bien dotados de naturaleza. Por el camino se ha perdido un ingente caudal de biodiversidad a fuerza de cemento y ladrillo.

No hace mucho AENA anunció la creación de un campo de golf en una de sus propiedades deltaicas. Se trataría en realidad de un mini golf con que se quiere aumentar la oferta de ocio de aquellos viajeros en tránsito, para que no se aburran entre vuelo y vuelo, pobres. Se utilizará para ello parte de los terrenos que ocupaba el antiguo Real Club de Golf El Prat. La operación incluirá la construcción de chiringuitos, restaurantes, aparcamientos y una zona pública abierta al mar, un nuevo espacio verde de uso público ¿lo ven?. El conjunto tendrá todos los ISO habidos y por haber y será muy sostenible, se regará con agua reciclada y tendrá placas solares a porrillo.

El problema de que adolecen los Espacios Naturales del delta del Llobregat, nombre oficial con que se los conoce, es consustancial a esa pluralidad nominal. Es innegable que el nombre transmite una sensación de amplitud y de abundancia. Pero nada de eso. No es un espacio, ni mucho menos un gran espacio, son un conjunto de ellos, separados por infraestructuras y rodeados de poblaciones, modelados a fuerza de recortes y pequeños. Cuando se aprobaron las ampliaciones del puerto y del aeropuerto y de todo lo que conllevaban esas obras faraónicas donde las haya, las administraciones se comprometieron a trabajar en fomentar la conectividad de esos fragmentos naturales que quedaron, con el objetivo de moderar el efecto isla, que condena a las reservas naturales a un inevitable empobrecimiento ambiental. Si así hubiera sido, sí que podríamos estar hablando de un intento de congeniar el progreso económico basado en el crecimiento con la conservación de la naturaleza, que también, no se olvide, es una forma de progreso. Resulta evidente, sin embargo, que lo de proteger esos espacios fue sencillamente una concesión sin criterio, sin fe, nada más que por quedar bien y ahí están los hechos: la ocupación constante de los terrenos que hubieran servido para conectar esas zonas. La propuesta de AENA no deja de ser un episodio más de ese proceso que sabe Dios cuándo acabará.

Siempre quedarán entidades que, como DEPANA, interpongan demandas, se quejen y se pongan, con razón, de uñas, pero el gato siempre irá a la misma agua.

Mitjançant Mini golf sostenible en El Prat, amb permis de l’autor.

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2 thoughts on “Mini golf sostenible en El Prat | Lamentable

  1. Reblogged this on Sudaka Topo.

    Posted by Sudaka Topo | Abril 11, 2013, 4:32 pm
  2. Reblogged this on Delta Viu.

    Posted by arpella | Abril 12, 2013, 11:18 am

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